Un vecino de Paiporta a Felipe VI: «Majestad, ordene el estado de alarma»

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Después de cinco días sin luz ni agua tras haber sufrido la mayor catástrofe de las últimas décadas, la tensión estalló este domingo en Paiporta , una de las localidades más devastadas por la DANA de Valencia, durante la visita del Rey Felipe VI, la Reina Letizia, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el de la Generalitat, Carlos Mazón . La rabia acumulada por el aviso tardío de la riada y la lentitud de la respuesta oficial desataron graves insultos, lanzamientos de barro e intentos de agresiones que reventaron el viaje de la comitiva. Las autoridades querían demostrar su solidaridad con los damnificados y se encontraron con la agresividad de los más exaltados. Pero no de todos porque algunos, como Fernando Raimundo, sí que agradecieron esta muestra de cariño del Rey y le pidieron ayuda para solucionar su desesperada situación.«Majestad, como capitán general, ordene el estado de alarma. Solo el Ejército puede solucionar esto . Los políticos de esto no saben», le dijo este instalador térmico cuyo local comercial de Paiporta quedó inundado por la riada, según cuenta a ABC un rato después de la visita, mientras ayuda a retirar escombros con una máquina excavadora .Noticias Relacionadas estandar Si Nerea, la joven que habló con Doña Letizia: «Le he dicho que el nivel de frustración es altísimo. Necesitamos ayuda» José Ramón Navarro-Pareja estandar No dana valencia LOS REYES ACOMPAÑAN A PAIPORTA EN EL DOLOR Y LA INDIGNACIÓN Angie CaleroUna petición de auxilioJunto a un numeroso grupo de personas que se había congregado entre la calle de Valencia y Juan XXIII, Fernando Raimundo quería acercarse a Felipe VI, pero un guardia real le cortaba el paso. «Cuando le he dicho que solo quería hablar con él, el Rey se ha vuelto hacia mí, me ha tomado las manos y me ha dicho: Estamos con ustedes », rememora Fernando, a quien el guardia real intentaba soltarle del brazo del monarca. En ese momento, es cuando le imploró su petición de auxilio, «Majestad, ordene el estado de alarma», y, según explica, Felipe VI le replicó: «Estamos haciendo todo lo posible. Vamos a ver todo lo que se puede hacer. No os vamos a abandonar».«Cuando le he dicho que solo quería hablar con él, el Rey se ha vuelto hacia mí, me ha tomado las manos y me ha dicho: Estamos con ustedes»A continuación, y mientras el Rey atendía a otro damnificado, Fernando Raimundo se giró hacia el presidente de la Generalitat, Carlos Mazón, le tomó la cara entre sus manos y, en tono cariñoso según él, le espetó: «Nos has abandonado». En su opinión, «si a las dos horas de una catástrofe de esta envergadura, se hubiera decidido el estado de alarma, podrían haber venido 10.000 militares de las bases cercanas y se habrían salvado muchas vidas ».A pesar de su malestar con las autoridades políticas con la gestión de la catástrofe, Fernando asegura que «no me parece bien que hayan agredido a Pedro Sánchez ». En comparación con su precipitada evacuación escoltado por sus guardaespaldas, Fernando dice quitarse «el sombrero ante el Rey porque se ha quedado hablando con la gente y aguantando. Hoy he recuperado mi confianza en él».«Me quito el sombrero ante el Rey. Hoy he recuperado mi confianza en él»Como era de esperar, la visita de la comitiva oficial y su accidentada salida era la comidilla del pueblo. Mientras unos lamentaban la «imagen lamentable que había dado Paiporta», otros se quejaban de que «la vergüenza era que vinieran solo para hacerse la foto, pero no para ayudar».«El que venga, que traiga una pala», sentenciaba Ana Mora, otra de las vecinas de la zona visitada por el Rey. Además de quejarse de que «aquí no ha venido nadie en seis días» , explicaba que «somos los vecinos los que estamos limpiando las calles y edificios con nuestras bombas y máquinas. Y, de noche, tenemos que hacer turnos y quedarnos vigilando para que no nos roben las bombas».Malestar con el EjércitoPor todas estas duras jornadas retirando escombros entre el fango, a muchos vecinos de Paiporta les dolía especialmente que el Ejército no hubiera aparecido hasta el día de la visita oficial. Además, el dispositivo de seguridad cortó el acceso de los voluntarios e interrumpió los trabajos durante varias horas , lo que enfureció aún más a quienes aprovecharon la presencia de las autoridades para expresar su malestar.«Pero no estoy de acuerdo con la violencia», matizaba Ana Mora, mientras que dos de sus amigas, Susana Cano y Ana Tudela, sí se mostraban a favor de los insultos porque «hay mucha gente que ha perdido a sus familiares y sus casas y están furiosos» .A la rabia por el aviso con retraso de la alerta de Protección Civil, que llegó cuando el barranco de Paiporta ya se había desbordado y el agua inundaba las calles, se suma la tardanza en acudir del Ejército y los equipos de búsqueda, rescate y desescombro. Además, los continuos reproches entre el Gobierno central del PSOE-Podemos y el autonómico del PP sobre el envío de efectivos minan aún más la creciente desconfianza de los ciudadanos en las instituciones. Golpeados por una catástrofe gigantesca, los damnificados se sienten víctimas de un juego político y piden al Rey que, como jefe de Estado, actúe.Rutina tras la catástrofeTras la agitación de la visita de la comitiva real, Paiporta vuelve a su rutina poscatastrófica. Por su barranco no parece que haya pasado una riada, sino más bien un tsunami como los que ha cubierto este periodista en Japón e Indonesia . Aunque su pasarela peatonal sigue en pie, la fuerza del agua arrancó las vallas y arrastró los coches contra los edificios de la ribera. MÁS INFORMACIÓN noticia Si El Gobierno aparta al Jemad en la crisis pese a ser un operativo que por normativa es de su responsabilidad noticia No El minuto a minuto de la visita: un Rey que consuela, una Reina que rompe a llorar y Sánchez que desaparece noticia No El Rey, tras los incidentes en Paiporta: «Hay que entender el enfado y la frustración de los afectados» noticia Si El milagro de la parroquia de La Torre: la coordinada ayuda de voluntarios a miles de afectadosEntre ellos el ayuntamiento, donde se amontonan varios vehículos despanzurrados. En las calles colindantes, los voluntarios sacan un perro muerto de un garaje donde han achicado agua y temen encontrar algún muerto. Con escobazos, limpian toneladas de fango antes de que el cielo vuelva a descargar otra tormenta sobre Paiporta.

 

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