Rossie_Zulauf
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La calamidad que ha sufrido la Comunidad Valenciana es evidente, aún supura con virulencia, pero una semana después de que el agua arrasara con todo, al menos comienzan a surgir algunos brotes verdes. En las localidades más cercanas a la capital, como Benetúser , emergió por primera vez el asfalto en algunas de sus calles gracias a los grandes esfuerzos vecinales y a la maquinaria pesada del ejército. Incluso a alguno le dio por colorear el soleado día con una paella que atrajo a decenas de vecinos y voluntarios con su magnético aroma. Esta es una realidad que da esperanza, pero no es generalizada. Hay que ir más al sur, donde aún no ha llegado la caballería, para percatarse de que los horrorosos estragos de la DANA siguen estando presentes. Masanasa , localidad de poco más de 10.000 habitantes, es el ejemplo perfecto de que todavía queda mucho por hacer. Allí los escombros campan a sus anchas y el lodo cubre hasta las espinillas en la mayoría de sus vías. Los coches son un amasijo de hierros, las casas generan un hedor que marea y los niños chapotean en el barro sin conocer los peligros que ello implica. Muchos males que no encontraron adversario hasta ayer, pues no habían llegado el ejército ni las excavadoras. El ayuntamiento se había convertido en un puesto de mando improvisado en el que eran los habitantes los que organizaban el suministro de alimentos y la atención primaria. Una fantástica comuna, aunque limitada, que ayer vio con ojos esperanzados cómo decenas de bomberos y policías municipales de Madrid , así como militares, al fin entraban por la puerta.Una voluntaria aprovecha un descanso en Masanasa Jaime GarcíaSon muchas las historias que revolotean por el pueblo, como la de María José , una vecina que, cuando comenzó a llover el martes, un impulso la obligó a sacar el coche del garaje, una trampa mortal que ya se ha llevado demasiadas vidas por delante. Pero cuando se disponía a salir por la puerta, pensó que debía salvar sus bienes más preciados: las fotos y la gorra de su hijo, policía nacional que se suicidó hace cuatro años. «Les digo a todos que mi hijo me salvó la vida», reconoce con cariño, antes de proporcionar un reconfortante abrazo y asegurar que lo acontecido ha sido un «genocidio». «Sacadles fotos a los voluntarios, ellos son los auténticos héroes. Tengo el teléfono de todos para que podamos tomarnos algo cuando todo esto haya pasado».Noticia Relacionada Incidentes en Paiporta estandar Si El joven acusado de ser de ultraderecha: «No tengo nada que ver, yo ni voto» Angie CaleroTampoco pasa desapercibido el orgullo de la farmacéutica local, que narra cómo su hermano rescató de la riada a dos chicas, que estaban subidas a un coche, atando sábanas y lanzándolas por una ventana. «Pero sácame bien, que siempre salgo bizca«, confiesa al veterano fotógrafo. Son cada vez más las razones para sonreír, pero las desgracias prevalecen. Lola , de setenta años, se acercó el pasado martes, sobre las cinco de la tarde, al barranco cercano a Masanasa para contemplar el avance del agua. Lo que no sabía es que esa misma serpiente de barro y ramas acabaría entrando por su puerta. Junto con su marido y su hijo trató de contenerla con maderas, pero el resultado fue inevitable y el lodo terminó destrozando la planta baja de su hogar. «No nos dio tiempo a coger nada, fue cuestión de segundos», afirma. Solo se salvaron porque en su vivienda poseen un pequeño trastero, donde pasaron toda la noche sin agua y sin comida. «Encima, en este pueblo tenemos un sistema de megafonía que normalmente utilizamos para anunciar entierros y fiestas. Pero nadie decidió usarlo para avisarnos de lo que venía. Estamos vivos de milagro», reconoce con tristeza. La familia intenta mantenerse en pie, pero son muchos los contratiempos. Su marido, también con las 70 primaveras cumplidas, sufre de Párkinson y por el momento tiene medicación, pero teme que las pastillas se le acaben y que la falta de reabastecimiento le impida comprarlas de nuevo. Pero lo más duro es que ninguno de los dos puede dormir en su cama desde el martes. De hecho, duermen en el suelo. El agua se acumuló en el interior y superó el metro de altura, lo que dejó inservibles el colchón de la cama y el del sofá. El primero está en la calle y el segundo en la habitación del matrimonio totalmente calado.El ejército, ayer en Masanasa Jaime GracíaLola ha pedido ayuda al ayuntamiento, pero su grito de auxilio aún no ha recibido respuesta, no porque el gobierno local se la niegue, sino porque está desbordado. De hecho, ayer una mujer se puso de parto en su edificio principal y la logística para llevarla a un hospital fue digna de película. «Sé que muchas otras se merecen un colchón, pero tenemos 70 años y no podemos seguir durmiendo en el suelo. Vamos a acabar cogiendo una infección o una enfermedad», asegura con una energía que ocupa toda la habitación. «Pero bueno, no pasa nada. Pronto llegará Felipe con un millón de pesetas para cada uno y saldremos de esta», augura mientras se despide.
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