Myriam_Marks
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Cuando Paco Tous, con la lengua bien andaluzada, nos confesaba que donde más le gusta ver la bandera andaluza es en los patios de los colegios, estaba apuntando a diana, al mismísimo centro donde se suman los plenos. Porque en los colegios y en la familia (él fue a la manifestación del 77 de la mano de su padre) es donde se forman y transforman las mentalidades. Es el horno donde se cuece el pan con el que alimentar nuestros valores y credos. Lo que no mames en tu casa y no se racionalice en la escuela, será como semilla que caiga en el borde de la carretera, fuera de la tierra fértil que la haga crecer y le de sentido a su naturaleza. La bandera andaluza se quedó en ese terreno de nadie donde las fronteras menos permeables destinan para intercambiar espías, prisioneros o indeseables. Y ese espacio muerto, ese borde en la carretera donde la espiga no fructifica, es donde creo que se quedó nuestro lábaro, a la que ayer se le rindió memoria.¿Visteis muchas banderas en los balcones de las casas? ¿Ondeó plena y orgullosa en los edificios no institucionales? ¿Pasearon los grupos escolares con su banderita en la mano camino del museo de la Autonomía? Quiero pensar que, en algunas casas de los muy cafeteros, de los que no se rinden ni tras un encuentro desafortunado con Ilia Topuria, hubo abuelos y padres que quizás les hablaron a sus nietos e hijos de lo que supuso aquel 4 de diciembre del 77 para que Andalucía se reivindicara dentro del nuevo Estado que nacía. Pero la realidad es que la verde y blanca, tiene pocos Carlos Cano que la canten y la bendigan. Y es muchas veces un retal escayolado en la esquina del despacho de un alto funcionario municipal o de la Junta. Como si hubiera cierto temor a sacarla a las calles y dejarla que hable, que chille, que clame todo lo que lleva en la barriga del Hércules de su escudo. Y corren tiempos amenazantes para la igualdad y la simetría del Estado. Corren tiempos con similitudes al 77 del pasado siglo. Corren tiempos donde lo que late en esa bandera se necesita para salvarnos. Para no ser siervos del latifundio del señor de La Moncloa.Con motivo del día de la bandera, ayer, un veterano andalucista, José Luis Villar, volvió a percutir en el tambor de nuestra historia para despertar conciencias y sesteos de marmota, hablándonos sobre la historia documentada de nuestra autonomía. Antes, en un gesto que debería ir más allá de las palabras que conforman las hablas andaluzas, Juanma Moreno y Alejandro Rojas Marcos firmaban un convenio de colaboración para defender nuestra lengua, «porque yo hablo en andaluz», acentuó el incombustible líder del andalucismo. Es bueno que vayamos afinando nuestra lengua y ondeando banderas, tanto en los despachos como en las escuelas, porque vienen a meternos la mano en los bolsillos mientras el cuponazo se lo llevan los de siempre…
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