Pascale_Hoppe
New member
- Registrado
- 27 Sep 2024
- Mensajes
- 100

Mis padres llevan juntos más de 40 años, y estoy convencida de que esto —junto con las novelas de García Márquez y las películas de Rohmer— me ha hecho romantizar la idea del amor. Tanto que, a mis 28 años, rehúyo incansablemente las aplicaciones de citas, un medio tan válido como cualquier otro, pero que sencillamente no va conmigo. En este contexto de aislamiento digital amoroso, el viernes me dispuse a coger el metro, línea 4, hacia Bilbao. Crucé miradas con un chico en reiteradas ocasiones, y a ambos nos entró la risa y el apocamiento al comprobar que ninguno era capaz de acercarse al otro. A una sola parada de mi destino, el vagón se vació y él me hizo un gesto para que fuese a su lado. Los siguientes 30 segundos de conversación no fueron suficientes para reaccionar y pedir o dar un número de teléfono. Seguramente sea imposible encontrarlo, pero esta experiencia me dejó la agradable sensación de que, aun en estos tiempos, hay vida fuera de las pantallas.
Seguir leyendo
Cargando…
elpais.com